domingo, 9 de octubre de 2011

Interior Sacra Capilla del Salvador (Úbeda)

Interior del templo: En cuanto traspasamos la cancela. llama la atención cómo la actual solería marmórea ajedrezada en blanco y negro, se encuentra revestida por un alfombrado de esparto -artesanía históricamente ligada a la ciudad- lo que le confiere una nota de peculiar ambientación.

La primera impresión recibida es con seguridad la imponente reja. Considerada la mayor de la ciudad, está atribuida al maestro rejero, arquitecto, escultor y tratadista Francisco de ViIlalpando. Ejecutada en 1555, es una artística pieza de la tradicional rejería española, que actúa a manera real y simbólica de divisoria entre el espacio reservado para capilla familiar y cripta funeraria con el espacio público del templo. Decorada con grutescos, sibilas que llevan como atributo el cuerno la abundancia, cuatro tondos que representan las virtudes, la heráldica damiliar, el tema funerario de los bucráneos y la inscripción "Sólo a Dios de debe honor y gloria", es una pantalla que produce un juego lumínico que compagina las tonalidades del repujado, cincelado y dorado de la reja con el dorado del pan de oro del retablo mayor.

Esquemáticamente la iglesia responde a una rotonda con cúpula y linterna, nave con tres capillas a cada lado, cubierta con nervaduras góticas, coro de arco escarzano (gótico retardatario) a los pies, y un deambulatorio o tribuna que la recorre.

Se trata de un cilindro (la rotonda) perfectamente enlazado con un rectángulo, (la nave de la iglesia) por medio de un gran arco (toral) que deprime su intradós hacia la clave, con lo que visualmente se atenúa el problema de la unión, que, por otra parte, queda realzada a través de un ritmo alterno que viene marcado por doce grandiosas medias columnas clásicas (corintias) sobre pedestales adosadas a los muros, distribuidas seis en la nave longitudinal y seis en la rotonda o capilla mayor, manteniendo un posible simbolismo del número doce (doce profetas, doce apóstoles, doce tribus de Israel...).

Una visión detenida y global del Salvador conlleva la impresión de estar ante un templo en el que sorprende la simetría de ordenación del conjunto y una rigurosa proporcionalidad milimétrica, impresión que responde a una estudiada dimensionalidad humanista, tema muy utilizado en el Renacimiento.

El templo durante siglos ha ido acumulando piezas de sumo valor. Un repertorio de esculturas, reliquias, orfebrería y pinturas, adquiridas o regaladas a su fundador, tales como una Piedad de Sebastián de Piombo, hoy en el Museo del Prado; un cáliz de oro, regalo de Carlos V; una macolla de cruz procesional de Francisco Martínez de 1542; una cabeza relicario; un calvario de Pieter Coecke, hoy en la casa de Pilatos de Sevilla; un crucifijo de marfil del siglo XVI, o el archiconocido San Juanito atribuido a Miguel Angel. A ello se suma lo que permanece de la sillería del siglo XVI, un órgano, una soberbia y curiosa tribuna al lado del evangelio para la familia y unos dorados retablos barrocos que encubren a la iglesia renacentista. Estamos ante una iglesia invadida de una luminosidad diáfana, cenital, que invita al visitante a recrear mentalmente la ambientación originaria de lo que fue una culta y humanista iglesia del siglo XVI español.